Apple no ha presentado todavía ningún iPhone plegable, pero las previsiones de cadena de suministro empiezan a dibujar un lanzamiento muy particular: anuncio junto al resto de la nueva generación, preventa más tardía y unidades escasas durante los primeros meses. Es decir, una historia parecida a la del iPhone X en 2017.
La comparación no es caprichosa. El iPhone X fue anunciado el 12 de septiembre de 2017 junto al iPhone 8 y el iPhone 8 Plus, pero no llegó al mercado al mismo tiempo. Mientras los iPhone 8 se pudieron reservar el 15 de septiembre y comprar el 22 de septiembre, el iPhone X abrió reservas el 27 de octubre y salió a la venta el 3 de noviembre. Apple separó así el calendario del modelo más novedoso, condicionado por una producción inicial más compleja.
Según las últimas estimaciones atribuidas al analista Ming-Chi Kuo, el primer iPhone plegable podría seguir un patrón similar en 2026. La previsión habla de entre 7 y 8 millones de unidades ensambladas en la segunda mitad del año, con apenas entre 500.000 y 1 millón en el tercer trimestre. En paralelo, los iPhone 18 Pro y Pro Max tendrían una acumulación de inventario mucho más holgada, en torno a 20 o 22 millones de unidades en ese mismo periodo.
Un producto de escaparate, no de volumen inmediato
El primer iPhone plegable no sería un modelo más dentro de la familia. Si las filtraciones se cumplen, Apple lo situaría como un dispositivo de precio muy alto, probablemente por encima de los 2.000 dólares y con estimaciones que llegan a la franja de 2.300 a 2.500 dólares. Esa cifra lo colocaría por encima de cualquier iPhone convencional y lo acercaría a una categoría casi de producto aspiracional.
El paralelismo con el iPhone X está en el papel que puede jugar dentro del catálogo. En 2017, Apple usó el iPhone X para enseñar hacia dónde quería llevar el diseño del iPhone: pantalla OLED, frontal casi completo, desaparición del botón de inicio y Face ID con sistema TrueDepth. El dispositivo era más caro, más difícil de fabricar y más reconocible que los modelos que lo acompañaban.
Con el plegable ocurriría algo parecido. No sería necesariamente el iPhone que más unidades venda en su primera campaña, pero sí el que concentre la atención mediática. Un diseño tipo libro, una pantalla interior de mayor tamaño y una experiencia distinta de multitarea o consumo de contenido servirían para enviar un mensaje: Apple entra por fin en una categoría que Samsung, Huawei, Honor, Google y otros fabricantes llevan años trabajando.
La diferencia es que Apple suele esperar a que una tecnología esté madura antes de llevarla al iPhone. No fue la primera en OLED, ni en pantallas grandes, ni en carga inalámbrica, ni en 5G. En plegables podría repetir esa estrategia: llegar tarde en calendario, pero con un producto pensado para reducir las dudas habituales sobre pliegue, bisagra, durabilidad, grosor y experiencia de software.
El cuello de botella está en fabricar bien
El gran reto no está solo en diseñar un iPhone que se doble. Está en fabricarlo con el nivel de calidad y consistencia que Apple exige a escala. Una pantalla plegable es más difícil de producir que un panel plano. La bisagra debe resistir miles de aperturas, el pliegue no puede deteriorar la experiencia visual, el conjunto debe ser fino, robusto y compatible con baterías, cámaras, antenas y disipación térmica.
Por eso el volumen inicial importa. Si en el tercer trimestre de 2026 solo hubiera entre 500.000 y 1 millón de unidades ensambladas, Apple tendría inventario insuficiente para un lanzamiento tradicional en septiembre. Podría anunciar el dispositivo junto al iPhone 18 Pro, aprovechar el impacto del evento y abrir reservas ya en el cuarto trimestre, cuando la producción estuviera más avanzada.
La compañía ya ha hecho algo parecido. El iPhone X fue anunciado con la familia de 2017, pero salió bastante después. No fue una cancelación ni un retraso improvisado de cara al público. Fue una forma de separar el producto de transición del resto de la gama y ganar semanas para acumular inventario.
Si Apple repite esa táctica, el iPhone plegable podría presentarse en septiembre de 2026, pero no llegar a tiendas hasta octubre o noviembre. La campaña navideña se convertiría entonces en el primer gran test comercial del dispositivo. No sería extraño que las primeras unidades se agotaran rápido, tanto por demanda real como por escasez inicial.
Un mercado perfecto para la reventa
El precio elevado no tiene por qué frenar la demanda inicial. En los primeros meses, el comprador de un iPhone plegable probablemente no será el usuario medio que renueva móvil por necesidad, sino el entusiasta, el profesional con alto poder adquisitivo, el coleccionista de tecnología o el cliente que quiere el dispositivo más exclusivo de Apple.
Esa mezcla de producto nuevo, suministro limitado y diseño muy reconocible suele alimentar la reventa. Las previsiones apuntan a que los plazos de entrega podrían estirarse rápidamente a cuatro o seis semanas, o incluso más, durante el final de 2026. En ese contexto, no sería extraño ver primas relevantes en mercados secundarios, sobre todo en países donde el lanzamiento llegue más tarde o con menos unidades.
Aquí conviene matizar. Una prima de reventa no significa necesariamente demanda sostenible. Puede reflejar escasez, especulación y urgencia por tener el producto antes que nadie. La verdadera prueba llegaría cuando la cadena de suministro se normalice y el ruido del lanzamiento se enfríe.
Por eso la ventana más útil para medir el interés real no será septiembre ni octubre de 2026, sino finales de ese año y el primer trimestre de 2027. Para entonces debería verse si el iPhone plegable funciona como una novedad limitada o si abre una nueva familia con recorrido dentro del catálogo de Apple.
Qué puede cambiar para el mercado de plegables
La entrada de Apple tendría efectos más allá de sus propios usuarios. Los plegables han mejorado mucho en los últimos años, pero siguen siendo una categoría relativamente pequeña dentro del mercado global de smartphones. Samsung ha hecho el trabajo de educación del mercado, Huawei ha empujado en China y otros fabricantes han probado formatos, bisagras y pantallas. Aun así, el gran público todavía no ha asumido el plegable como sustituto natural del móvil clásico.
Apple podría acelerar esa normalización, aunque empiece con pocas unidades. Su fuerza no está solo en vender hardware, sino en condicionar expectativas de software, accesorios, desarrolladores, operadores y competencia. Si el iPhone plegable funciona bien, otros fabricantes tendrán más presión para afinar sus propios dispositivos y justificar precios altos.
También puede ocurrir lo contrario: que el producto tenga una recepción inicial muy fuerte, pero quede como una línea ultra premium de bajo volumen. Un precio de 2.300 o 2.500 dólares limita el mercado potencial, incluso para Apple. Además, un formato plegable debe demostrar utilidad diaria, no solo sorpresa. Abrir una pantalla grande dentro del bolsillo tiene sentido si mejora trabajo, lectura, vídeo, juegos, multitarea o IA personal. Si solo sirve para enseñar algo distinto, el entusiasmo puede durar poco.
El caso del iPhone X muestra que Apple sabe convertir un modelo caro y difícil de fabricar en un cambio de dirección para toda la gama. Face ID, la pantalla completa y los gestos acabaron marcando el diseño posterior del iPhone. El plegable podría ser otra señal de futuro, pero con una diferencia: en 2017 Apple estaba sustituyendo el formato principal del iPhone; en 2026 podría estar creando una nueva rama, más cara y más limitada.
La pregunta no será solo cuántos iPhone plegables puede fabricar Apple. Será cuántos usuarios están dispuestos a pagar un precio de portátil por un móvil que promete cambiar la experiencia, pero que tendrá que demostrarlo después del primer efecto sorpresa.
Preguntas frecuentes
¿Apple ha confirmado ya un iPhone plegable?
No. Apple no ha anunciado oficialmente ningún iPhone plegable. La información disponible procede de analistas, filtraciones de cadena de suministro y previsiones de la industria.
¿Cuándo podría presentarse el primer iPhone plegable?
Las previsiones apuntan a una posible presentación en la segunda mitad de 2026, quizá junto a la familia iPhone 18. La venta podría retrasarse al cuarto trimestre si el inventario inicial es limitado.
¿Por qué se compara con el iPhone X?
Porque el iPhone X fue anunciado junto al iPhone 8 en septiembre de 2017, pero abrió reservas y llegó a tiendas semanas después. El motivo fue la dificultad de producción y el menor inventario inicial.
¿Cuánto podría costar?
Las estimaciones sitúan el precio por encima de los 2.000 dólares, con algunas previsiones en torno a 2.300 o 2.500 dólares. No hay precio oficial.
fuente: X Twitter








