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¿Recordáis los 15 fallos que dijimos que tenía el iPad? Pues repetimos




A finales de enero, cuando el entonces recientemente presentado iPad era el objetivo de todas las miradas, escribimos un post sobre los 15 fallos inexplicables del aparato. El post se sentaba sobre una serie de supuestos en un momento que nadie lo había probado todavía, y dicho sea de paso, parte de esta lista de fallos no eran exactamente eso, sino que eran el reflejo de lo que creemos que debería llevar y no lleva, así que los pasaremos por alto. Total, puestos a pedir, el hecho de que el iPad no sea capaz de freír un huevo -de momento- no es un fallo, es una carencia.

Es de justicia, que pasada la revolución inicial hagamos un repaso a aquel post y pongamos las cosas en su sitio. Pero no nos equivoquemos: en algunos casos, acertamos y dimos de lleno en el blanco. No se trata de sacarle la puntilla al gadget del momento. Más allá de lo que diga Apple estamos frente a un producto que marcará un antes y un después, y estoy absolutamente convencido que cualquier nuevo usuario del iPad está más que satisfecho con su producto, y sólo es el principio de algo muy grande. Pero el iPad tiene fallos. Solucionables o no, pero los tiene.

Después de trastear con el iPad durante todo un fin de semana, estos son los aspectos en los que el iPad falla

  • El peso. El iPad en cualquiera de sus versiones, pesa. Ligero para moverlo con soltura, pero pesado para sostenerlo con una sola mano durante un tiempo prolongado. En este caso no es que sólo pese alrededor de 700 gramos -dependiendo de la versión- ,es que pesa lo suficiente para que su manejo en suspensión sea imposible. Esto difícilmente se podrá solucionar, pero por otra parte, nadie ha dicho que deba usarse en suspensión permanente.
  • La temperatura no es un problema. En vistas de lo que ocurre con el iPhone, pusimos en duda que el iPad pudiera trabajar a una temperatura que no fuera molesta para las manos que lo sujetan. Pues no; el iPad trabaja perfectamente y sin calentarse, al menos, de momento.
  • Las limitaciones de su cerrado sistema. Nada nuevo en el horizonte. Todos sabemos lo que hay en el caso del iPhone, y en el iPad ocurre exactamente igual. Ojo porque a la vuelta de la esquina ya asoman otros tablets que ya superan al iPad en este sentido. Por si solo, el iPad abastece de todo y para todos, pero en algunos puntos cruciales se quedará donde está, con todo lo que ello implica. El iPad se nutre de una forma muy a lo Apple, tanto para lo bueno, como para lo malo.
  • Los archivos adjuntos, siempre listos, pero como la primera vez. Sin dejar el punto anterior y casi abordando el tema de la dependencia que tocaremos más adelante, un buen ejemplo de lo absurdamente cerrado del sistema se hace patente en el caso de los archivos adjuntos de correo. Una foto por ejemplo, se puede sacar del correo y copiarla en la fototeca. Pero un archivo adjunto en PDF por ejemplo, no. Cuando llega dicho correo, con un solo toque el archivo se abre sin problema. Pero como no se puede sacar de ahí ni guardarlo en otro sitio, se debe rebuscar entre los correos para recuperar dicho archivo si deseamos verlo más adelante.
  • Video normalito y sonido mejorable. No se puede negar que la calidad de vídeo del iPad muchos querrían tenerla, siempre y cuando la conversión sea de calidad claro, más la ayuda de la pantalla. Pero en un momento en lo que vende es la alta definición, el iPad no ofrece nada en HD. Ni en panorámico por defecto. En cuanto al sonido, el altavoz es mono. Potente y de calidad. Pero mono. Si uno quiere stereo, debe tirar de la conexión de auriculares.
  • Pantalla de lujo, problemas de cajón. La pantalla brillante del iPad es un problema, puesto que está expuesta a reflejos de todas partes. Un ordenador con este tipo de pantalla es fácil de adaptar al entorno porque suele estar en una postura fija, pero el iPad por su movilidad, debe adaptarse al entorno, y no siempre es posible, sobretodo al aire libre, y con el sol. Por otra parte, el hecho de que se deba usar tocando constantemente la pantalla implica que esta se ensucia con una facilidad asombrosa. Se supone que saldrán protectores de pantalla, que de paso, harán de esta una superficie mate, pero el hecho de que no venga mate de fábrica tiene también sus inconvenientes.
  • No se puede disfrutar del 100% de la web. Este problema es endémico en toda la plataforma iPhone OS. No vamos a decir que la falta de Flash es un problema porque a la vista está que las cosas están cambiando. Pero mientras no cambien del todo, la revolución en la navegación en la red no es total ni en gran parte, pongamos como nos pongamos.
  • La representación de los elementos de HTML. No todo se muestra correctamente. Se supone que cada sitio debe optimizarse para iPad, pero en cualquier caso, la explicación de cada usuario es que el Ipad no se ve bien si algo no se muestra correctamente en el aparato.
  • Vuelve el píxel. Las tropecientasmil aplicaciones disponibles en la app store para iPhone se pueden usar en el iPad. Y de regalo, pixeladas. Cierto es que poco a poco se van añadiendo actualizaciones que barren de un golpe el píxel, pero casi todas requieren de un pago adicional, con el plus de la novedad. Es incomprensible que cuando ya hay una solución muy sencilla para evitar esto, se nos cobre para poder disfrutar como Diós manda del iPad.
  • Las aplicaciones para iPhone no giran en el iPad. Sin dejar el punto anterior, las aplicaciones para iPhone en el iPad no giran cuando se cambia de postura el aparato. Si la aplicación funciona en horizonatl y sólo en horizontal en el iPhone, así se mostrará en el iPad, y ocurre lo mismo en el caso de las aplicaciones en vertical.
  • El (engañoso?) iPhone OS 4. Una vez más, estamos ante lo que seguramente equivocadamente se entiende con lo que al final será. Luego llegarán los yo creía que y esas cosas. Lo cierto es que hay algunos aspectos clave en el tan cacareado software iPhone OS, que llegará al iPad en otoño, que posiblemente distarán en mucho de lo que, tal vez intencionadamente, Apple nos quiere vender. Estamos hablando de la multitarea de verdad (que no lo es), de la sincronización de algunos elementos clave para todo el mundo (pero NO para la compañía, como un simple archivo de texto desde cualquier ordenador sin requerir software específico) y una serie de puntos que poco a poco están siendo descubiertas por los desarrolladores y que seguramente se quedarán tal y como están.
  • Ni derecho, ni revés. La versatilidad que tiene el iPad de poder trabajar en vertical y en horizontal, adaptándose la pantalla a la postura del aparato, es tanto una liberación como un suplicio. El usuario tiende a memorizar la posición de los iconos en la pantalla con el iPad en una postura, pero a la que esta cambia, los iconos cambian de posición. A esto se le suma el hecho de que no sirve de mucho bloquear la pantalla puesto que algunas aplicaciones se usan mejor en una postura que en otra. Y finalmente, a menos que el giro del aparato siempre se haga hacia la misma dirección, el botón de inicio -crucial e indispensable en su uso habitual- también cambia de posición.
  • Dependencia. Ya sabemos que el iPad no es un ordenador y no sustituye a este, pero lo sigue necesitando. Y lo necesitará siempre. Más nos vale que en un momento crucial tengamos a mano el cable y el ordenador con iTunes, porque sino, estamos listos. Por lo demás, deberemos conectarlo de vez en cuando para actualizarlo, para sincronizarlo, para cargarlo de música y vídeos y de todo-lo-demás, mientras no sea posible descablearse y hacer lo mismo inalambricamente. Que por cierto, cuando eso ocurra, la batería lo notará, y mucho.
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Obviamos los fallos que tiene el propio sistema operativo -que también los tiene- porque se sobreentiende que en otoño estos se corregirán, como ocurre en cualquier aparato informático. Pero no debemos olvidar que algunos de estos fallos son básicos en la experiencia del manejo del aparato, como es el caso de la conectividad Wi-Fi o los errores de algunas aplicaciones de pago, aunque evidentemente esto puede ser problema de cada aplicación… las cuales han pasado la supervisión de Apple, no lo olvidemos.

Lo repetiré, por si acaso. Es un tema de compensación. A quien le compense el iPad, que se lo compre, porque no quedará defraudado. Pero eso no implica que el aparato esté exento de fallos, y muchos, posiblemente se quedarán como tales. No hay ningún aparato perfecto y el iPad no es una excepción, pero no deja de ser curioso que el mágico y revolucionario iPad peque de algunos puntos clave, que muy posiblemente, son fácilmente subsanables.


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